Ositos de peluche: cómo los peluches nos ayudan a entender el mundo

¿Aún conserva un querido osito de peluche harapiento? Un psicólogo nos explica cómo los “objetos transicionales”, como los peluches, nos ayudan a entender el impacto del tacto.

teddy bear illustration

Los juguetes están vinculados a nuestras conexiones emocionales más antiguas, incluso no humanas. Por tanto, no es de extrañar que nuestra interacción con ellos pueda contribuir a conformar la forma en que enfocamos nuestras relaciones e incluso nuestras vidas. Hemos hablado con Richard Cheston, psicólogo clínico y catedrático de demencia de la University of the West of England (Universidad del Oeste de Inglaterra), sobre la ciencia de los peluches.

De pequeños, muchos teníamos un muñeco, un peluche o una manta favorita siempre a nuestro lado. Nos acompañaban a la hora de comer, iban en la maleta en vacaciones y nos abrazábamos a ellos al dormir. Estos elementos de tacto suave que los niños agarran constantemente son ejemplos de lo que se denomina “objetos transicionales”.

El concepto lo acuñó el pediatra y psicoanalista D. W. Winnicott en los años 50. Los objetos transicionales son el primer escalón que recorre el bebé hacia la comprensión del “no yo”. “Actúan de puente sobre la brecha emocional existente entre los apegos primarios, por ejemplo a nuestros padres, y el mundo exterior”, explica Cheston. “Es fundamental la implicación táctil; es necesario tomar el objeto y tocarlo”.

Winnicott definía los objetos transicionales como cosas que el niño posee y que aprieta contra sí, que le proporcionan calidez o textura y que tienen una presencia física, vital. También pueden verse amados en exceso, alterados o incluso mutilados por parte del niño, lo que sugiere que nos ayudan a entender el impacto de nuestra mano en el mundo.

“Los adultos usamos objetos transicionales con la función de materialización física de una persona significativa”

 

D. W. Winnicott, pediatra y psicoanalista

¿Qué significado tiene todo esto para nosotros como adultos? Ahora sabemos que el papel de estos objetos va mucho más allá de confortarnos cuando somos pequeños. “Aprendemos estas pautas en la infancia, pero su influencia permanece a lo largo de toda nuestra vida”, afirma el profesor Cheston. “Las relaciones de apego son una de las formas en que controlamos nuestros sentimientos”.

Los objetos transicionales que apreciamos de adultos son aquellos que tienen importancia emocional para nosotros. “Yo me crié en Norwich y soy hincha de su equipo de fútbol, por lo que mi taza de café con el escudo del club es simbólica de esta relación para mí”, comenta. “Mirar los resultados de la jornada el domingo por la tarde me proporciona estabilidad, rutina y, a veces, hasta alegría. Por tanto, la taza funciona como objeto transicional”.

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El poder de los objetos transicionales

El poder de estos objetos llega muy lejos. En un estudio realizado en una residencia para personas con demencia, el profesor Cheston observó que ayudaban a los residentes a acceder a las emociones conectadas con relaciones importantes. “Desempeñan en el paciente con demencia el mismo papel que para todos nosotros. Nos aportan calma y consuelo; poseen un significado simbólico, y esto nos es reconfortante desde el punto de vista emocional”, explica.

Resulta particularmente impresionante el hecho de que esta conexión puede atravesar la niebla de esta afección, tan debilitante para la memoria que quien la padece puede tener dificultades para reconocer a sus seres queridos.

Está claro que el tacto es un elemento central en nuestra relación con los objetos transicionales, y estos últimos pueden facilitar conexiones emocionales esenciales. Ese suave y harapiento osito es más que un juguete: es nuestro billete para poder navegar por el mundo que nos rodea.

 

Ilustración: Tim McDonagh

Artículo extraído de la revista Reach Out and Touch (Llegar y Tocar), publicada en colaboración entre Sappi Europe y John Brown.

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